(un blog foto-tecno-conceptual de Pedro M. Alhambra)

 

El firmamento es un acorde de violín

rompiente, asaeta la atmósfera con su armonía rugosa.

Necesito necesitar, como cuando era más joven,

como cuando tenía metas y sueños.

Observo el amor,

es una esfera de fuego sin dolor ahora.

Es un fractal a destejer.

Creo en mí.

 

Si tú viste el infinito en mis ojos

yo vi el destino detenido en los tuyos

y por un instante el tiempo dejó de existir, para siempre.

 

He perdido todo tantas veces y tantas veces lo he recuperado.

Mi ahora narra la música que me inspiras.

El fin por ahora.

 

(Pedro M. Alhambra – 2012 (C) )

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Rayo en la noche – Pedro M. Alhambra (c)

Tiempo decadente, sin espectativas claras. Es difícil avanzar uno mismo, sabiéndose de alguna forma vitalmente un triunfador y de otra un completo fracasado, cuando a tu alrededor ves las ruinas de una estructura que se desmigaja a pasos agigantados, sometida al vaivén del tiempo cambiante. Quizá todo empezó cuando perdimos nuestra identidad y adoptamos otra, otra que nos parecía mejor y más luminosa, otra que nos asombró y maravilló como a los insectos les asombran las luces en la noche. Neones súbitamente esperanzadores que aguardan un fatídico destino de luz blanca.

Son estos días cuando escribes sin saber el motivo aparente, cuando entiendes perfectamente el significado intrínseco de la palabra inspiración. No sabes bien a qué se debe, pero las palabras salen solas de forma casi automática de tus manos hacia el teclado, guiado por una energía que te asusta, sin entender demasiado tu papel de escriba de unas caprichosas ideas surgidas de ninguna parte y que sin embargo salen de tí. Quizá sea un mero receptor de algo que desconozco y plasmo, un compendio de algo incomprensible a lo que doy orden de alguna forma que no alcanzo a comprender, como un decodificador de fractales en la noche madrileña.  Sinceramente el mundo que nos tocó vivir es incomprensiblemente caótico; lo fue siempre, pero muchas veces se nos escapa por desconocimiento de la historia: mirando atrás descubres inequívocamente que esto se ha repetido innumerables veces en la historia del hombre: el fin de algo, el comienzo de algo nuevo, los finales de las épocas, los estancamientos, las guerras, la podredumbre inundándolo todo, el tiempo vivido y robado y perdido. Como quién no aspira a comprender nada escribo esto, porque el Todo es sin duda incomprensible para una mente humana, tan pequeña y tan limitada ante el infinito, tan sumamente impregnada de la nada.

Mientras existimos formamos parte de una matriz cosida por átomos, una insustancial realidad tridimensional que interactua entre ella misma en el tiempo. Porque la matería a nivel ínfimo y subatómico no significa nada y a la vez lo significa todo. Vivimos en un mundo hecho de energía, donde lo físico es una unión de protones y neutrones, uniones energéticas sin un motivo aparente. Cualquier tipo de materia es sin querelo un ser vivo porque habita la dimensión Tiempo, nuestra dimensión. Porque se nos ha escapado algo tan simple como que compartimos nuestro tiempo vital con todas las cosas del universo que están “vivas” en este sentido, no en el sentido de lo que entendemos por organismos vivos, pero sí vivos a un nivel atómico. Son algo en el tiempo, y están habitando y compartiendo con nosotros el fragil mundo tridimensional. Ese mundo tridmensional es a su vez incomprensiblemente grande, tan grande que no tiene límites porque es en sí una dimensión.

Mientras tanto no somos capaces de ver lo más pequeño todavía, partículas todavía más pequeñas en el fractal, partículas más pequeñas que lo atómico que se escapan a nuestro entendimiento completamente, y cuya función desconocemos totalmente por ahora.

Mientras todo esto ocurre, nosotros nos preocupamos por crear una sociedad hipócrita, basada en una religión retrógrada y destinada a la manipulación, al poder. Nos otorga unos paradigmas de vida que a día de hoy no sirven y que muchos se empeñan por mantener, girando la cabeza y la mirada, de forma totalmente hipócrita, dando la espalda a la realidad, viviendo en su burbuja de cegada incomprensión. Formas de vidas decadentes y caóticas se agrupan en un compendio de poderosos y sumisos sin sentido y sin destino para la especie, luces blancas que nos llevan a la autodestrucción.

Cómo diría Einstein, sólo creo en dios en el sentido más abstracto de la palabra, en el sentido místico que desprende la misma ciencia. Y es que después de todo, en esta aparente  entrópica existencia (que no anárquia, ya que la gente común por lo general confunde ambas palabras), existe un orden natural que todo lo coloca en su lugar: el Tiempo, el único Dios real porque es el único organismo abstracto por encima de todo, el organismo que controla ese tu destino que no es lineal ni está escrito, que no es más que una variable matemática cuyo principal factor son tus actos.

¿Cómo solucionar algo en este caos de egos y mentiras, en esta superficie manchada de actos lamentables, este borrón en el papel blanco, cual tintero dejado caer desde lo alto sobre la hoja? a lo largo de la historia del hombre se han repetido estas crisis humanas, sociales, económicas y de valores. Sí, porque esta crisis es una crisis global que abarca todos los campos de la cultura y del saber, ya que practicamente todos están corruptos por unos objetivos mediocres o de pocas miras como el ansia de vida, de dinero, codicia, prestigio o poder. El avance no tiene ya sentido porque camina sin rumbo y sin control, basado en el afan especulativo de dinero, mientras el planeta se super-puebla muy por encima de sus posibilidades, y mientras nuestra triste especie actúa como un virus de su propio ecosistema, infectándolo, propagando la enfermedad y autodestruyéndose al final. Cómo un virus, ya que los virus son organismos extraños y carentes de lógica: son de los pocos organismos que destruyen su propio medio de existencia; son un error del sistema y como error tiende a ser eliminado por la Naturaleza.

Debemos abandonar la mirada sobre dioses monoteistas. Si queremos volver a crear una religión sobre algo debe basarse en la ciencia y crear Dioses reales sobre lo que no comprendemos, sobre cosas reales. No compremos el Tiempo, por lo que el tiempo obviamente debería ser un Dios. No comprendemos la Naturaleza, ya que estamos sometidos a ella porque es nuestro sustento y nuestro medio de vida. No podemos destruir la Naturaleza porque si la destruimos destruimos nuestro propio Tiempo. Es así de simple. Esos son los únicos Dioses verdaderos, de querer creer en algo místico o elevado debería creerse únicamente en ellos. De alguna forma lo que necesitamos es volver a los orígenes griegos de las ciudades/sociedades estado, ya que el Planeta Tierra, ahora globalizado, se ha convertido en un único estado, por lo que debemos luchar como estado unico por un objetivo común, que dada nuestra actual situación no es otro que colonizar otros planetas.

Las reglas morales son necesarias en una sociedad, pero deben adaptarse a los tiempos nuevos. Esto quiere decir que no se puede intentar imponer fórmulas basadas en ideas irreales. Debemos avanzar con un objetivo común dejando pie a la libertad siempre y cuando esta tenga una buena intención detrás o cuando por lo menos no afecte a los demás. Vivir y dejar vivir. Las malas intenciones deberían de intentar eliminarse en la medida de lo posible. Deberíamos guiarnos por necesidades, pero entendiendo cuando nuestra propia necesidad entra en confrontación con la de otros, y sobre todo cuando deja de ser necesidad para convertirse en codicia. Los pecados capitales no son más que reglas morales básicas y en mi opinión deberían revisarse ya que algunos, como los sexuales, a día de hoy deberían evolucionar hacia algo mucho más normal y más limpio, y no asociado a algo sucio o impuro ya que es algo tan común como encender internet. Deberían añadirse nuevos “pecados” (reglas morales) o completarse las definiciones de los existentes. En definitiva, se necesita ampliar la conciencia humana sobre los propios actos de uno mismo e intentar comprender las motivaciones de los actos de los demás. Esto implica formar una base cultural que a día de hoy no existe, o que por lo menos no es mayoritaria sino minoritaria, ya que precisamente lo que se fomenta es el egoismo y la falta de control. Debemos formar personas y no ególatras.

Es tarde ya y debería acostarme puesto que mañana trabajo. Me dejaré llevar por las musas de la música hacia los abismos del sueño. Si me siento con la vena creativa seguiré este escrito. Parte de estas ideas son de mi primera novela inédita “IDEA”. Creo que dentro de poco sadrá a la luz.

 

Un saludo a todos, luchemos por un mundo mejor. Pero luchemos, no nos dejemos llevar.

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Cosas que decir sin decir,
cosas que debo decir antes de perecer.
Son cosas que necesito, quiero, tengo,
sé debo hacer.
Como siempre es el tiempo,
el mismo que endurece las manos
y los gestos,
y el que hace pasar las nubes,
los días, las tardes
con su luz anaranjada, y las mañanas
frías ahora que se acerca el otoño.
Y después llegará el invierno emocional
de días cortos, como esas
emociones perdidas que nunca viví
y que deseé vivir pero que no
me atreví, supe o intentamos.
Una sensación desesperada vivimos,
gritando a susurros entre los días sin luz
y buscando la llama que brilla en el horizonte
pero que se escapa entre los dedos sin quemar
como si el fuego fuera agua detenida entre las manos,
que intentan mitigar la caída, esperando
detener el porvenir del agua que se cae
al suelo de la noche sin remedio.
Tiempo perdido y ganado sin más
mientras la noche se cierne de nuevo,
los días pasando y volviendo otra vez,
todo pasando con la sensación de ir a ningún lado,
con la fortuna de sentirse en declive constante
o en constante progresión hacia ninguna parte,
como aquel que quiere llegar a ningún lado,
el que nada necesita, el que nada espera,
el que nada quiere y tiene todo,
y sin tiempo para hacer de todo nada.
Sin tiempo y sin fuerzas.

Si  el repasar lo escrito es dejarlo morir
prefiero no releer lo que escribo.
Es mejor no mirar atrás, porque el pasado pasó
y es una rayo de luz penetrando el recuerdo dormido,
una sonrisa amada que susurra en tu emoción
y que te devuelve de nuevo a la vida
por unos instantes preciosos y lúcidos
que se pierden de nuevo y regresan otra vez
con cada sonrisa.
Tu sabes que la irrealidad y tus sueños
es más real que lo real, más importante que la propia vida,
una caja de sorpresas multicolor,
un crisol que estalla y te golpea en el cielo del paladar
con su sabor dulce y su tacto susurrante.

El pasado siempre es almibarado y dulce.

Quiero una configuración vital óptima,
reiniciar mi bios parietal,
y crackear la red inalámbrica del cosmos.
He de saltar el firewall a caballo de Troya
y jugar con Jesus al pocker cada dos días
-porque es un colega más-.
Un reseteo de vez en cuando no sienta mal,
como ahora, porque resetar es síntoma
de que una auto-omnipresencia interior te rige.
Debo ser el propio Dios de mis sueños.
Es necesario ser el Dios de mi realidad.
Es obligatorio sentirse uno con el cosmos.
Dejemos un minuto de silencio por las víctimas del mundo…
…por los niños no nacidos y nacidos y qué más da.
Amor suplido con marqueting, lo falso dominando lo real,
el sucedáneo suplantó a lo real, cual transgenismo de lo real
la necedad ha ganado la partida quizá definitivamente.
Mi tiempo es el mismo tiempo que el tuyo,
un tiempo idiota y cruel, falso y perdido.
El tiempo de la sinrazón razonada, de la idiotez
definitiva asomando por encima de lo auténtico,
de lo Cierto y de lo Bueno.

Lo intelectual dejó de existir,
el significado de las cosas varió a otro significado.
Se apoderó
del hombre un caos nefasto y confuso, autodestructor
y despiadado. Quizá el mundo esté ya maldito
para siempre, quién sabe
dónde acabará el ser humano
a este ritmo de entropía.

Sinceramente siento que esto
sea tan negativo y tan triste,
triste como zorro atropellado en la carretera,
como árbol milenario talado sin compasión

-y lo que es peor, sin consciencia-,
cual ejecución en cualquier guerra,
como cuando un hermano mata a su hermano,
o ese extremo en donde un padre
sacrifica a sus hijos para sobrevivir.
Si no existe el bien y el mal,
nada de esto importa.
Pero si existe el bien y el mal
dónde esté el bien y donde esté el mal
están ahora tan lejos del hombre los conceptos
que son sólo conceptos perdidos.
De algún modo -aunque sea tan mal-
deben acabar las poesías  tristes…

03/10/2010,

Pedro Martínez Alhambra (c)

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