(un blog foto-tecno-conceptual de Pedro M. Alhambra)

 

El firmamento es un acorde de violín

rompiente, asaeta la atmósfera con su armonía rugosa.

Necesito necesitar, como cuando era más joven,

como cuando tenía metas y sueños.

Observo el amor,

es una esfera de fuego sin dolor ahora.

Es un fractal a destejer.

Creo en mí.

 

Si tú viste el infinito en mis ojos

yo vi el destino detenido en los tuyos

y por un instante el tiempo dejó de existir, para siempre.

 

He perdido todo tantas veces y tantas veces lo he recuperado.

Mi ahora narra la música que me inspiras.

El fin por ahora.

 

(Pedro M. Alhambra – 2012 (C) )

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Cosas que decir sin decir,
cosas que debo decir antes de perecer.
Son cosas que necesito, quiero, tengo,
sé debo hacer.
Como siempre es el tiempo,
el mismo que endurece las manos
y los gestos,
y el que hace pasar las nubes,
los días, las tardes
con su luz anaranjada, y las mañanas
frías ahora que se acerca el otoño.
Y después llegará el invierno emocional
de días cortos, como esas
emociones perdidas que nunca viví
y que deseé vivir pero que no
me atreví, supe o intentamos.
Una sensación desesperada vivimos,
gritando a susurros entre los días sin luz
y buscando la llama que brilla en el horizonte
pero que se escapa entre los dedos sin quemar
como si el fuego fuera agua detenida entre las manos,
que intentan mitigar la caída, esperando
detener el porvenir del agua que se cae
al suelo de la noche sin remedio.
Tiempo perdido y ganado sin más
mientras la noche se cierne de nuevo,
los días pasando y volviendo otra vez,
todo pasando con la sensación de ir a ningún lado,
con la fortuna de sentirse en declive constante
o en constante progresión hacia ninguna parte,
como aquel que quiere llegar a ningún lado,
el que nada necesita, el que nada espera,
el que nada quiere y tiene todo,
y sin tiempo para hacer de todo nada.
Sin tiempo y sin fuerzas.

Si  el repasar lo escrito es dejarlo morir
prefiero no releer lo que escribo.
Es mejor no mirar atrás, porque el pasado pasó
y es una rayo de luz penetrando el recuerdo dormido,
una sonrisa amada que susurra en tu emoción
y que te devuelve de nuevo a la vida
por unos instantes preciosos y lúcidos
que se pierden de nuevo y regresan otra vez
con cada sonrisa.
Tu sabes que la irrealidad y tus sueños
es más real que lo real, más importante que la propia vida,
una caja de sorpresas multicolor,
un crisol que estalla y te golpea en el cielo del paladar
con su sabor dulce y su tacto susurrante.

El pasado siempre es almibarado y dulce.

Quiero una configuración vital óptima,
reiniciar mi bios parietal,
y crackear la red inalámbrica del cosmos.
He de saltar el firewall a caballo de Troya
y jugar con Jesus al pocker cada dos días
-porque es un colega más-.
Un reseteo de vez en cuando no sienta mal,
como ahora, porque resetar es síntoma
de que una auto-omnipresencia interior te rige.
Debo ser el propio Dios de mis sueños.
Es necesario ser el Dios de mi realidad.
Es obligatorio sentirse uno con el cosmos.
Dejemos un minuto de silencio por las víctimas del mundo…
…por los niños no nacidos y nacidos y qué más da.
Amor suplido con marqueting, lo falso dominando lo real,
el sucedáneo suplantó a lo real, cual transgenismo de lo real
la necedad ha ganado la partida quizá definitivamente.
Mi tiempo es el mismo tiempo que el tuyo,
un tiempo idiota y cruel, falso y perdido.
El tiempo de la sinrazón razonada, de la idiotez
definitiva asomando por encima de lo auténtico,
de lo Cierto y de lo Bueno.

Lo intelectual dejó de existir,
el significado de las cosas varió a otro significado.
Se apoderó
del hombre un caos nefasto y confuso, autodestructor
y despiadado. Quizá el mundo esté ya maldito
para siempre, quién sabe
dónde acabará el ser humano
a este ritmo de entropía.

Sinceramente siento que esto
sea tan negativo y tan triste,
triste como zorro atropellado en la carretera,
como árbol milenario talado sin compasión

-y lo que es peor, sin consciencia-,
cual ejecución en cualquier guerra,
como cuando un hermano mata a su hermano,
o ese extremo en donde un padre
sacrifica a sus hijos para sobrevivir.
Si no existe el bien y el mal,
nada de esto importa.
Pero si existe el bien y el mal
dónde esté el bien y donde esté el mal
están ahora tan lejos del hombre los conceptos
que son sólo conceptos perdidos.
De algún modo -aunque sea tan mal-
deben acabar las poesías  tristes…

03/10/2010,

Pedro Martínez Alhambra (c)

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Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

Es quizá el poeta que más admiro, y creo que con bastante diferencia. No sólo por ser una persona excepcional en todos los aspectos, sino por tener un talento tan enorme que creo que hay muy poca gente que se le pudiera equiparar en la historia. También por ser un tipo algo peculiar, un rara avis. Porque Pessoa es un genio, sin más, tan deslumbrante que aturde, que te deja aturdido.

En el caso de Pessoa , creo que la RAE deja mucho que desear. Y digo esto porque asigna a la palabra  heterónimo el mismo valor que pseudónimo, y lo cierto es que no tiene absolutamente nada que ver. En este caso, un cero para la RAE. Porque Pessoa es el creador de los heterónimos. ¿Que qué es un heterónimo? un heterónimo es una personalidad completa que se desprende de ti, no un simple nombre tras el que ocultar tu verdadera identidad, es un ser que sale de tí mismo pero diferente a tí mismo: es otra personalidad que emerge de tí mismo pero diferente a tí. Lo cierto es que tampoco se puede decir que sea un alter ego, puesto que puede ser una personalidad paralela a la tuya, ni mejor ni peor, simplemente paralela. Si ya de por sí suena raro, ¿qué pensaríais de una persona que tiene reconocidos más de una veintena de heterónimos? pues estáis ante esa persona, porque Fernando Pessoa tiene más (bastantes más) de veinte heterónimos reconocidos.

Cada una de las personalidades-heterónimos que se desprenden de Pessoa son únicas: tienen un modo particular de ver la vida, muy marcado, dialogan entre ellas y opinan unas de otras en textos y escritos. Cada una de sus personalidades tiene un modo de escribir, de ver el mundo y la vida.  Cada una tiene una filosofía de vida y una forma de entender el mundo; y sin embargo son todas la misma persona.

Los heterónimos más famosos de Fernando Pessoa…


POESÍAS DE RICARDO REIS

(poesía metafísica)


Coronadme de Rosas

Coronadme de rosas.
Coronadme en verdad
de rosas
-Rosas que se apagan
En frente que se apaga
Temprana.
Coronadme de rosas
Y de hojas breves.
Basta.


Maestro, son plácidas

Maestro, son plácidas
Todas las horas
que perdemos
Si en el perderlas,
Cual en un jarro,
ponemos flores.

No hay tristezas
Ni hay alegrías
En nuestra vida.
Así sepamos,
sabios incautos,
nunca vivirla,

Mas recorrerla
serenos, plácidos,
Teniendo al niño
Como maestro,
Y los ojos plenos
De naturaleza…

Junto a los ríos,
Junto a caminos,
Según se tercie,
Siempre en el mismo
Leve descanso
De estar viviendo.

El tiempo pasa,
nos dice nada.
Envejecemos.
Sepamos, casi
maliciosos,
Sentirnos ir.

No vale penas
Hacer un gesto.
No se resiste
Al adios atroz
Que al propio hijo
Devora siempre.

Cojamos flores.
Mojemos leves
Las manos nuestras
En ríos calmos
Para aprender
Calma también.

Girasol siempre,
mirando al sol,
Calmos, dejemos
El vivir teniendo
Ni el remorderse
De haber vivido.


POESÍAS DE ALBERTO CAEIRO

(Consubstanciación pagana: repugnancia hacia el infinito)

I
Nunca guardé rebaños,
y es como si los guardara.
Mi alma es como un pastor,
conoce el viento y el sol
y va de la mano de las Estaciones
en su ir y mirar.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
viene a sentarse a mi lado.
Pero entristezco como una puesta de sol
para la imaginación
cuando refresca al fondo de la llanura
y se siente que la noche ha entrado
como una mariposa por la ventana.

Mas mi tristeza es sosiego
por natural y justa,
y es lo que debe de estar en el alma
cuando el alma ya piensa que existe
y sin darse cuenta las manos cogen flores.

Cual un ruido de cencerros
más allá de la curva del camino,
así mis pensamientos son gozosos,
porque de no saberlo
en vez de ser gozosos y tristes,
serían alegres y gozosos.

Pensar molesta tanto como andar bajo la lluvia
cuando el viento arrecia y parece que aún llueve más.

Y si a veces deseo,
al imaginar, ser corderillo
(o ser rebaño entero
para andar esparcido por toda la ladera
siendo mucha cosa feliz al mismo tiempo),
sólo es porque siento lo que escribo al ponerse el sol
o cuando una nube pasa la mano por encima de la luz
y un silencio recorre la hierba.

Al sentarme para escribir versos,
o si al pasear por atajos y caminos
escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
siento un cayado en las manos
y veo una silueta mía
en la cima de un otero
mirando a mi rebaño y viendo mis ideas
o mirando a mis ideas y viendo a mi rebaño,
y sonriendo vagamente como quien no comprende aquello que se dice
y quiere fingir que lo comprende.

Saludo a cuantos me leyeren
quitándome el sombrero de ala ancha
cuando me ven ante mi puerta
mal asoma la diligencia en la cima del otero.

Le saludo y les deseo sol,
y lluvia, si la lluvia es precisa,
y que en sus casa tengan
junto a una ventana abierta
la silla predilecta
donde sentarse para leer mis versos.
Y que al leer mis versos piensen
que soy una cosa natural
-por ejemplo, el árbol viejo
a la sombra del cual siendo niños
se sentaban de golpe, cansados de jugar,
y limpiaban el sudor de la frente ardiendo
con la manga del baby rayado.


Todos los días me despierto ahora con alegría y pena

Todos los días me despierto ahora con alegría y pena.
En otros tiempos me despertaba sin ninguna sensación: despertaba.
Tengo alegría y pena de perder lo que sueño
y porque en la realidad puedo estar donde está lo que sueño.
No sé lo que he de hacer con mis sensaciones.
No sé lo que he de ser conmigo a solas.
Quiero que ella me diga algo para despertar de nuevo.


Hablas de civilización, y de que no debe ser

Hablas de civilización, y de que no debe ser,
o de que no debe ser así.
Dices que todos sufren, o la mayoría de todos,
con las cosas humanas por estar tal como están.
Dices que si fueran diferentes sufrirían menos.
Dicen que si fueran como tú quieres sería mejor.
Te escucho sin oír.
¿Para qué habría de querete oír?
Por oírte a ti nada sabría.
Si las cosas fuesen diferentes, serían diferentes: esto es todo.
Si las cosas fueran como tú quieres, serían sólo como tú quieres.
¡Ay de ti y de todos los que pasan la vida

queriendo inventar la máquina de hacer la felicidad!


POESÍAS DE FERNANDO PESSOA

(el dramatismo crítico: La naturaleza esconde, no revela. Todo este universo luminoso y oscuro cuya suma de energías llamamos Naturaleza es una máscara, un vestido y un sueño. La Naturaleza no es Isis, sino el velo de Isis.)


Doble

Agarré mi corazón
y lo puse en la mano.

Miré como quien mira
granos de arena u hojas.

Miré, pávido y absorto
por saberlo ya muerto;

el alma conmovida tan sólo
por ser sueño, y poco, la vida.


Nada soy, nada puedo, nada sigo

Nada soy, nada puedo, nada sigo.
Llevo, cual ilusion, mi ser conmigo.
No comprendo el comprender ni sé
Si he de ser, siendo nada, el que seré.

Esto aparte, que es nada, bajo azur
De vasto cielo un vano viento Sur
Me despierta y estremece en el verdor.
Tener razón, o triunfos, o aun amor.

Se marchitan en el astil de la ilusión.
Y si no saber es vano, nada es la ennsoñación.
Duerme en la sombra, incierto corazón.


Autopsicografía

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge ser dolor
El dolor que en verdad siente.

Y quienes leen lo que escribe
En el dolor leído sienten
No los dos que el poeta vive
Mas sólo aquél que no tienen.

Y así por las vías rueda
Y entretiene a la razón
El tren girando con cuerda
Que se llama corazón.


POESÍAS DE ÁLVARO DE CAMPOS

(Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro. Vivir y morir son la misma cosa. Mas vivir es pertenecer a otro de fuera y morir es pertenecer a otro de dentro. Una y otra cosa se asemejan, pero la vida es el lado de fuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte es la muerte, pues el lado de fuera siempre es más verdadero que el lado de dentro; tanto es así que el lado de fuera es el que se ve.)

4.    ODA TRIUNFAL

A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica

tengo fiebre y escribo.

Escribo rechinando los dientes, una fiera ante esta belleza,

ante esta belleza totalmente desconocida por los antiguos.

¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r-r-r eterno!

¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos furiosos!

¡Furiosos fuera y dentro de mí

por todos mis nervios disecados,

por todas las papilas de todo aquello con que siento!

Tengo secos los labios, ¡oh grandes ruidos modernos!

De oíros demasiado cerca,

y me arde la cabeza de querer cantaros con el exceso

de expresión de todas mis sensaciones,

con un exceso contemporáneo de vosotras, ¡oh máquinas!

Febril y mirando los motores como a una Naturaleza tropical

-¡grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza!-

canto, y canto al presente, y también al pasado y al futuro,

porque el presente es todo el pasado y todo el futuro

y están Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas

sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,

y pedazos de Alejandro Magno tal vez del siglo cincuenta,

átomos que han de tener fiebre en el cerebro del Esquilo del siglo cien,

andan por estas correas de transmisión y por esos émbolos y por estos volantes

rugiendo, rechinando, rumoreando, atronando, ferrando,

haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con una sola caricia en el alma.

¡Ah, poder expresarse todo como un motor se expresa!

¡Ser completo como una máquina!

¡Poder ir por la vida triunfante como un automóvil último modelo!

¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,

rasgarme todo, abrirme completamente, volverme poroso

a todos los perfumes de aceites y calores y carbones

de esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!

¡Fraternidad con todas las dinámicas!

¡Promiscua furia de ser parte-agente

del rodar férreo y cosmopolita

de los trenes estrenuos*,

de la tarea de transportar cargas de navíos,

del giro lento y lúbrico de los guindastes,

del tumulto disciplinado de las fábricas,

y del casi-silencio susurrante y monótono de las correas de transmisión!

¡Horas europeas, productoras, entablilladas

entre maquinismos y quehaceres útiles!

¡Grandes ciudades paradas en los cafés,

en los cafés -oasis de inutilidades ruidosas-

donde se cristalizan y precipitan

los rumores y los gestos de lo Útil

y las ruedas dentadas y los coginetes de lo Progresivo!

¡Nueva Minerva sin alma de los muelles y estaciones!

¡Nuevos entusiasmos con la estatura del Momento!

¡Quillas de placas de hierro sonriendo arrimadas a las dársenas

o en seco, erguidas, en los planos inclinados de los puertos!

¡Actividad internacional, transatlántica, Canadian-Pacific!

¡Luces y febriles pérdidas de tiempo en los bares, en los hoteles,

en los Longchamps y en los Derbies y en los Ascots,

y Picadillies y Avenues de l’Opera que entran

por dentro de mi alma!

¡Hola, calles, hola, plazas, hola, la foule!

¡Todo lo que pasa, todo lo que se para ente los escaparates!

¡Comerciantes; vagabundos; escrocs exageradamente bien vestidos;

miembros evidentes de clubes aristocráticos;

escuálidas figuras ambiguas; padres de familia vagamente felices

y paternales hasta en la cadena de oro que atraviesa el chaleco

de bolsillo a bolsillo!

¡Todo lo que pasa, todo lo que pasa y nunca pasa!

¡Presencia excesivamente acentuada de las cocottes,

banalidad interesante (¡y quién sabe qué otra cosa por dentro!)

de las burguesitas, madre e hija, por lo general,

que andan por la calle con cualquier motivo;

la gracia femenina y falsa de los pederastas que pasan, lentos;

y toda la gente sencillamente elegante que pasea y se exhibe

y luego resulta que tienen un alma dentro!

(¡Ah, cómo desearía ser el souteneur de todo esto!)

¡La maravillosa belleza de las corrupciones políticas,

deliciosos escándalos financieros y diplomáticos,

agresiones políticas en las calles,

y de vez en cuando el cometa de algún regicidio

que ilumina de Prodigio y Fanfarria los cielos

usuales y lúcidos de la Civilización cotidiana!

¡Noticias desmentidas de los periódicos,

artículos políticos insinceramente sinceros,

noticias passez à-la-caisse, grandes crímenes-

de los que dos columnas pasan a la segunda página!

¡El olor fresco a tinta tipográfica!

¡Los carteles pegados hace poco, mojados!

¡Vients-de-paraître amarillos con una cinta blanca!

¡Cuánto os amo a todos, a todos, a todos,

cuánto os amo de todas las maneras,

con los ojos y con el oído y con el olfato

y con el tacto (¡lo que representaría para mí tocaros!)

y con la inteligencia como una antena a la que hacéis vibrar!

¡Ah, de qué manera todos mis sentidos se encelan por vosotros!

¡Abonos, trilladoras a vapor, progresos de la agricultura!

¡Química agrícola, y el comercio casi una ciencia!

¡Oh muestrarios de los viajantes-de-comercio,

de los viajantes-de-comercio, caballeros-andantes de la Industria,

prolongaciones humanas de las fábricas y de las oficinas tranquilas!

¡Oh telas en los escaparates, oh maniquíes, oh últimos figurines!

¡Oh artículos inútiles que todos quieren comprar!

¡Hola, grandes almacenes con varias secciones!

¡Hola, anuncios luminosos que se ven, parpadean y desaparecen!

¡Hola, todo aquello con lo que hoy se construye, con lo que hoy se es diferente de ayer!

¡Eh, cemento armado, hormigón, técnicas nuevas!

¡Progresos de los armamentos gloriosamente mortíferos!

¡Blindajes, cañones, ametralladoras, submarinos, aeroplanos!

Os amo a todos, a todo, como una fiera.

Os amo carnívoramente,

perversamente y enroscando mi mirada

en vosotras, ¡oh cosas grandes, banales, útiles, inútiles,

oh cosas modernísimas,

oh mis contemporáneas, forma actual y próxima

del sistema inmediato del Universo!

¡Nueva Revelación metálica y dinámica de Dios!

¡Oh fábricas, oh laboratorios, oh music-halls, oh Luna Parks,

oh acorazados, oh puentes, oh muelles flotantes,

en mi mente turbulenta y encandecida

os poseo como a una mujer hermosa,

os poseo totalmente como a una mujer hermosa a la que no se ama,

a la que se encuentra por casualidad y nos parece interesantísima!

¡Eh-ah-ho, fachadas de los grandes almacenes!

¡Eh-ah-ho, ascensores de los grandes edificios!

¡Eh-ah-ho, reorganizaciones ministeriales!

¡Parlamentos, políticas, secretarios de presupuestos,

presupuestos falsificados!

(Un presupuesto es tan natural como un árbol

y un parlamento tan bello como una mariposa.)

¡Hola, interés por todo en la vida,

porque todo es la vida, desde los brillantes en los escaparates

hasta la noche, puente misterioso entre los astros

y el mar antiguo y solemne, bañando las costas

y siendo misericordiosamente el mismo

que era cuando Platón era verdaderamente Platón

en su presencia verdadera y en su carne con el alma adentro,

y hablaba con Aristóteles, que no había de ser su discípulo!

Yo podría morir triturado por un motor

con el sentimiento de deliciosa entrega de una mujer poseída.

¡Arrójenme dentro de los altos hornos!

¡Tírenme debajo de los trenes!

¡Azótenme a bordo de los barcos!

¡Masoquismo a través de los maquinismos!

¡Sadismo de no sé qué moderno y yo y barullo!

¡Aupa, jockey que has ganado el Derby,

morder tu cap de dos colores!

(¡Ser tan alto que no pudiese entrar por ninguna puerta!

¡Ah, mirar es para mí una perversión sexual!)

¡Eh, eh, eh, catedrales!

¡Dejad que me parta la cabeza contra vuestras esquinas,

y que sea levantado de la calle lleno de sangre

sin que nadie sepa quién soy!

¡Oh tranvías, funiculares, metropolitanos,

restregaos conmigo hasta el espasmo!

¡Huy, huy, ay, ay, ay!

¡Soltadme carcajadas en plena cara,

oh automóviles atestados de parranderos y de putas,

oh multitudes cotidianas ni alegres ni tristes de las calles,

río multicolor anónimo donde no puedo bañarme como querría!

¡Ah, qué vidas tan complejas, qué de cosas por todas las casas de todo esto!

¡Ah, saberse la vida de todos, los apuros de dinero,

los disgustos domésticos, los vicios que no se sospechan,

los pensamientos que cada uno tiene a solas en su cuarto

y los gestos que hace cuando nadie lo puede ver!

¡No saber todo esto es ignorarlo todo, oh rabia!,

oh rabia que como una fiebre y un celo y un hambre

me consume el rostro y me agita a veces las manos

en crispaciones absurdas justo en medio de las turbas

en las calles llenas de encontronazos!

¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,

que dice palabrotas como palabras corrientes,

cuyos hijos roban a las puertas de los ultramarinos,

y cuyas hijas a los ocho años -¡y esto me parece hermoso y me gusta!-

masturban a hombres de aspecto decente en el hueco de la escalera!

¡Ah, la gentuza que anda por los andamios y se va a casa

por callejas casi irreales de estrechez y podredumbre!

¡Maravillosa ralea humana que vive como los perros,

que está por debajo de todos los sistemas morales,

para quien no ha sido hecha ninguna religión,

creado ningún arte,

destinada ninguna política!

¡Cuánto os amo a todos, porque sois así,

ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,

inalcanzables por todos los progresos,

fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!

(En la noria del huerto de mi casa

el burro anda dando vueltas, dando vueltas,

y el misterio del mundo es de este tamaño).

Límpiate el sudor con el brazo, trabajador descontento.

La luz del sol sofoca el silencio de las esferas

y todos hemos de morir,

¡oh pinares sombríos del crepúsculo,

pinares en los que mi infancia era otra cosa

de lo que ahora soy…!

Pero, ¡ah, otra vez la rabia mecánica constante!

Otra vez la obsesión agitada de los autobuses.

Y otra vez la furia de estar yendo al mismo tiempo dentro de todos los trenes

de todas las partes del mundo,

de estar diciendo adiós desde la borda de todos los navíos,

que a estas horas están levando anclas o alejándose de los muelles.

¡Oh hierro, oh acero, oh aluminio, oh chapas de hierro curvado!

¡Oh muelles, oh puertos, oh convoyes, oh guindastes, oh remolcadores!

¡Eh-ah grandes desastres de trenes!

¡Eh-ah hundimientos de galerías de minas!

¡Eh-ah naufragios deliciosos de los grandes trasatlánticos!

¡Eh-ah revoluciones aquí, allá, acullá,

alteraciones de constituciones, guerras, tratados, invasiones,

ruido, injusticias, violencias, y tal vez en breve el fin,

la gran invasión de los bárbaros amarillos por Europa,

y otro Sol en el nuevo Horizonte!

¡Qué importa todo esto, pero qué importa todo esto

al fúlgido y rubro ruido contemporáneo,

al ruido cruel y delicioso de la civilización de hoy!

Todo esto apaga todo, salvo el Momento,

el Momento de tronco desnudo y caliente como un fogonero,

el Momento estridentemente ruidoso y mecánico,

el Momento, dinámico pasaje de todas las bacantes

del hierro y del bronce y de la borrachera de los metales.

¡Ea trenes, ea puentes, ea hoteles a la hora de cenar,

ea aparatos de todas las clases, férreos, brutos, mínimos,

instrumentos de precisión, aparatos de triturar, de cavar,

industrias, brocas, rotativas!

¡Ea! ¡ea! ¡ea!

¡Ea electricidad, nervios enfermos de la Materia!

¡Ea telegrafía sin hilos, simpatía metálica de lo Inconsciente!

¡Ea túneles, ea canales, Panamá, Kiel, Suez!

¡Ea todo el pasado dentro del presente!

¡Ea todo el futuro ya dentro de nosotros! ¡Ea!

¡Ea, ea, ea!

¡Frutos de hierro y útiles del árbol-fábrica cosmopolita!

¡Ea, ea, ea! ¡ea-ho-ho-ho!

No sé que existo para dentro. Giro, doy vueltas, me ingenio.

Me enganchan en todos los trenes.

Me izan en todos los muelles.

Giro dentro de las hélices de todos los barcos.

¡Ea! ¡Hurra! ¡Ea!

¡Ea! ¡Soy el calor mecánico y la electricidad!

¡Ea! ¡Y los rails y las casas de máquinas y Europa!

¡Ea y hurra por mi-todo y en todo, máquinas trabajando, ea!

¡Saltar con todo por encima de todo! ¡Aúpa!

¡Aúpa, aúpa, aúpa, aúpa!

¡Hala! ¡Hola! ¡Ho-o-o-o-o!

¡Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!

¡Ah, no ser yo todo el mundo y todos los sitios!

 

Londres, 1914 – Junio.

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Jean Arthur Rimbaud (1854-1891)

Jean Arthur Rimbaud (1854-1891)


LOS POBRES EN LA IGLESIA

Acorralados entre bancos de roble, en los rincones de la iglesia
que entibia maloliente su aliento, todos sus ojos
hacia el coro chorreante de oro y la maestría
en veinte bocas gritando los cánticos piadosos;

como un perfume de pan aspirando el olor de cera,
felices, humillados como perros apaleados,
los Pobres al buen Dios, el patrón y el señor,
tienden sus oremus risibles y testarudos.

Para las mujeres, ¡están bien hechos los bancos lisos,
después de los seis días negros en que Dios las hace sufrir!
Ellas mecen, retorcidos en raras pellizas,
a especies de niños que lloran hasta morir.

Sus senos mugrientos afuera, esas tragonas de sopa,
una oración en los ojos sin rezar jamás,
miran maniobrar maliciosamente a un grupo
de chiquillos con sus sombreros deformados.

Afuera, el frío, el hambre, y además el hombre borracho:
esto está bien. Todavía una hora; después, ¡los males sin nombre!
-Sin embargo, alrededor, gime, ganguea, cuchichea
una colección de viejas con papada:

ahí están esos espantados, y esos epilépticos
de quienes nos apartábamos ayer en las esquinas;
y, hambrientos de nariz en los antiguos misales,
esos ciegos que un perro introduce en la sala.

Y todos, babeando la fe mendicante y estúpida,
recitan la infinita lamentación a Jesús
que sueña en lo alto, amarillo por la vidriera lívida,
lejos de los malos magros y de los malvados panzudos,

lejos de los olores de carne y de las telas mohosas,
farsa postrada y oscura de gestos repulsivos;
- y la oración florece con expresiones escogidas,
y los misticismos toman tonos apremiantes,

cuando, desde las naves donde perece el sol, pliegues de seda
banales, sonrisas verdes, las Damas de los barrios
distinguidos -¡oh Jesús!-, los enfermos del hígado
besan con sus largos dedos amarillos las pilas de agua bendita.

Jean Arthur Rimbaud, 1871


Cuando Jean Arthur Rimbaud escribió esta poesía, tenía sólo 17 años. Pero ya antes había dado muestras de su facilidad para los idiomas, el lenguaje y la palabra.  Porque lo cierto es que el inventor de la “alquimia del verbo” -según el mismo decía, encontró en el poliglotismo una raiz común para todas las palabras, que se podían conjugar y alquimiar de alguna forma, otorgándole una importancia primordial, en contra del uso de adjetivos vanos que por lo general se daba y que se da en la mala poesía, al verbo, que es quizá la forma más difícil de hacer poesía y la que más impacta- con 5 años sabía griego y latín, además de francés y otros muchos idiomas europeos. Más tarde, después de escapar del yugo de su madre, que lo esclavizaba y tiranizaba y a la cual odiaba sobre todas las cosas, viajó a pié por europa. Porque Rimbaud fue también, sin ser consciente, el creador de la bohemia.

El poeta maldito Jean Arthur Rimbaud es quizá una de las figuras más siniestras y a la vez más delicadas, fantasmales y grandiosas de la historia de la literatura. Se desconoce gran parte de su vida, sobre todo la etapa en que dejó de escribir, asqueado de la sociedad de su época que le resultaba espantosa, denigrante, repugnante y falsa, y en donde no encontraba motivaciones para vivir: cuentan que durante años se paseó por París con un arenque bajo el brazo, tratando de escandalizar lo más posible y de molestar a una sociedad “perfecta” y grotesca a la par que falsa, que le recordaba a su madre. Se fue a áfrica, en donde dejó de interesarse por la escritura (aún así aprendió innumerables dialectos africanos)  y en donde se hizo rico y contrajo una infección que le hizo morir francamente joven.


LA MALICIOSA

En el comedor sombrío, que perfumaba
un olor a baniz y frutas, a mi gusto
acababa  con un plato de no sé qué manjar
belga, y me espatarraba en mi inmensa silla.

Comiendo, escuchaba el reloj-, feliz y quieto.
La cocina se abrió con una bocanada,
- y la criada vino, no sé por qué,
el pañuelo medio deshecho, maliciosamente cubierta

y, paseando su pequeño dedo tembloroso
sobre su mejilla, un terciopelo de melocotón rosa y blanco,
haciendo, con sus labios infantiles, una mueca,

ordenó los platos, a mi lado, para mi comodidad;
-después, así- segurísimo, para obtener un beso-,
muy bajo: “Siente, he cogido un frío en la mejilla…”

Jean Arthur Rimbaud, octubre 1870


En uno de sus viajes de Charleroi, ciudad de donde era, a París a pié -siendo francamente jovén-, se cree que fue violado por un destacamento del ejército francés. Rimbaud era un niño, con aspecto infantil y rubio. Esta violación le dejo bastantes secuelas y probablemente fue uno de los motivos de su odio hacia la sociedad.

EL CORAZÓN ROBADO

Mi triste corazón babea en la popa,
mi corazón cubierto de caporal:
por ahí ellos arrojan chorros de sopa,
mi triste corazón babea en la popa:
bajo las bufas de la tropa
que lanza una risa general,
mi triste corazón babea en la popa,
¡mi corazón cubierto de caporal!

¡Ythyfálicos y sorchetes
sus bufas lo han depravado!
En el timón se ven frescos
ythyfálicos y sorchetes.
¡Oh olas abracadabrantes,
tomad mi corazón, que sea lavado!
Ythyfálicos y sorchetes
¡sus bufas lo han depravado!

Cuando hayan acabado con su tabaco de mascar,
¿cómo obrar, oh corazón robado?
Serán hipos báquicos
cuando hayan acabado con su tabaco de mascar:
yo tendré sobresaltos estomacales,
yo, si mi corazón está corrompido:
cuando hayan acabado con su tabaco de mascar
¿cómo obrar, oh corazón robado?

Jean Arthur Rimbaud, Mayo 1871


En las poesía de Rimbaud no hay sitio para la máscara ni para la imagen, ni para la mentira, ni para la políticamente correcto. Son las poesías de un ser iluminado describiendo, de una forma a veces rabiosa, a veces sutil y otras simplemente grandiosa, el mundo que le ha tocado vivir.

Lo cierto es que todo lo que leo sobre su vida por internet es bastante malo, incluido el artículo de la wikipedia el cual no enlazo. Si queréis leer algo serio sobre su vida, leer la biografía sobre él de Enid Starkie.

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